Vivir más tiempo y mejor: ¿es posible?

Seguimos con el tema del envejecimiento, que hemos estado tratando en las últimas entradas (¿Por qué envejecemos? y Envejecimiento y evolución). Ahora conocemos algunas teorías sobre los mecanismos biológicos que nos hacen envejecer, y también una hipótesis evolutiva.

¿Podemos vivir más (o como mínimo mejor)?

La teoría evolutiva del envejecimiento (pleiotropía antagónica) que vimos en la entrada anterior es un poco desalentadora. ¿Hay algo que podamos hacer para mitigar los efectos negativos de los genes pleiotrópicos que nos hacen envejecer? ¿O son un precio que debemos pagar resignadamente a cambio de vivir mejor durante nuestra juventud y poder reproducirnos?

Antes de entrar en temas prácticos, conviene mencionar que el ser humano ya ha experimentado un aumento considerable de su esperanza de vida a lo largo de la evolución: el hecho de que existan personas ancianas es algo inusual entre los mamíferos. En la mayoría de especies, los individuos que han superado la edad reproductiva suelen morir rápidamente; una vez se han reproducido, su supervivencia ya es independiente a la selección natural. ¿Qué pasa con nosotros, entonces? Se cree que la presencia de individuos ancianos, con mayor experiencia y conocimiento, podría haber propiciado la supervivencia de los grupos familiares en la prehistoria; en este caso, la selección natural habría actuado alargando la vida de nuestros ancestros [1,2].

Por otro lado, la medicina también ha contribuido en gran medida a que vivamos mejor y durante más tiempo, mucho más de lo que cualquier humano del paleolítico hubiera soñado, pero cada vez resulta más difícil. ¿Podemos llegar más lejos, o acaso existe un límite que no podemos superar? Eso es lo que investigan numerosos equipos científicos de todo el mundo. La verdad es que es un tema candente y todavía abierto, pero haremos un resumen de lo que se sabe en estos momentos, que fundamentalmente se basa en la teoría mitocondrial del envejecimiento.

Antioxidantes

Desde que Denham Harman formuló la teoría mitocondrial o de los radicales libres, allá por los años setenta, se intuyó que una solución podrían ser los antioxidantes. Si las especies reactivas de oxígeno destruyen biomoléculas mediante la oxidación, ¿qué mejor forma de contrarrestar sus efectos que suplementar la dieta con antioxidantes?

Sin embargo, después de más de cuarenta años, todavía no se ha demostrado que tomar antioxidantes regularmente alargue la vida ni mitigue los problemas asociados a la vejez, más allá de corregir posibles deficiencias nutricionales. En otras palabras, si nuestra dieta es equilibrada, la ingesta de antioxidantes no nos aportará ningún beneficio [1,3,4,5,6], a pesar de lo que diga la publicidad de las empresas farmacéuticas.

Se han propuesto varias hipótesis al respecto. Quienes aún buscan antioxidantes que puedan funcionar sugieren que el fracaso de los antioxidantes convencionales se debería a que no llegan en cantidad suficiente a las mitocondrias (la diana de los radicales libres), con lo que se deberían idear antioxidantes dirigidos específicamente a dichos orgánulos [3]. Una explicación alternativa (más verosímil en mi opinión) es que, de hecho, los radicales libres tienen una función esencial para la célula: actúan como moléculas señalizadoras en varios procesos. En ese caso, la célula simplemente elimina los antioxidantes exógenos, ya que interfieren con ese mecanismo de señalización y podrían resultar perjudiciales [1,4].

Tomar suplementos de antioxidantes (como la vitamina C) no nos proporciona ningún beneficio si nuestra dieta ya es equilibrada. De hecho, en el caso de la vitamina C, la concentración en sangre está finamente regulada, y todo el exceso se elimina rápidamente por orina. Si os preocupa no ingerir la cantidad suficiente de esta vitamina, os puede ayudar tomar cítricos y, aunque os sorprenda, pimiento crudo (tanto verde como rojo; contienen incluso más vitamina C que los cítricos). Sale más barato.

Tomar suplementos de antioxidantes (como la vitamina C) no nos proporciona ningún beneficio si nuestra dieta ya es equilibrada.
De hecho, en el caso de la vitamina C, la concentración en sangre está finamente regulada, y todo el exceso se elimina rápidamente por orina. Si os preocupa no ingerir la cantidad suficiente de esta vitamina, os puede ayudar tomar cítricos y, aunque os sorprenda, pimiento crudo (tanto verde como rojo; contienen incluso más vitamina C que los cítricos). Sale más barato.

En resumen, actualmente no se ha probado que ningún antioxidante pueda alargar nuestra vida ni hacernos rejuvenecer. Aún se sigue investigando en este ámbito, pero veo muy difícil que nos proporcione un tratamiento eficaz del envejecimiento, al menos a corto plazo.

Ejercicio físico

En contraste con los antioxidantes, algo que sí se ha probado que puede contribuir a un aumento de la longevidad es el ejercicio físico [1,7,8]; además, nos proporciona una mejor calidad de vida durante la vejez (algo que seguro que habéis oído). ¿Qué tiene la biomedicina que decir al respecto?

Uno de los mecanismos por el que el ejercicio alargaría nuestra vida, según parece, es un poco contra intuitivo. Cuando hacemos ejercicio o cualquier actividad física, nuestros músculos consumen energía química para transformarla en energía mecánica. Dicha energía química es proporcionada por el ATP, que, como ya hemos visto en varias ocasiones, se sintetiza mayoritariamente en las mitocondrias.

Así pues, durante el ejercicio los músculos necesitan más ATP, y por tanto a las mitocondrias les toca trabajar con mayor intensidad. Eso provoca, a su vez, que se generen más radicales libres. ¿Qué extraño, verdad? Según lo que hemos estado viendo, los radicales libres son la fuente de gran parte de los problemas de la vejez. Ahora bien, recordad el apartado anterior. Resulta que los radicales libres tienen una función señalizadora: actúan como una alarma. ¿Y cuál es la señal que transmiten? Precisamente le indican al núcleo celular (el centro de control de la célula) que las mitocondrias están agobiadas, con una sobrecarga de tarbajo (o que algo no funciona como debería). Después del ejercicio, una de las respuestas del núcleo a esa alarma es precisamente ordenar a las mitocondrias que se dividan, produciendo más mitocondrias [1,7].

Este mecanismo de señalización mediante radicales libres facilita la adaptación al ejercicio, ya que cuantas más mitocondrias tengan las fibras musculares mayor potencia tendrán. Y no sólo eso: tener más mitocondrias en los músculos (incluyendo al más importante de todos: el corazón) nos protege de la vejez. Podríamos decir que de esta forma no se sobrecargan tanto, y no generan tantos radicales libres, por lo que se produce menos daño oxidativo [1].

A nuestra amiga Lidia (a la que conocimos en la entrada ¿Por qué envejecemos?) le encantaba correr de joven. Que no os engañe su apariencia tranquila: incluso ahora no falta un solo día a las clases de gimnasia. Ésa es la razón por la que se mantiene en plena forma a sus 83 años (el bastón es prácticamente decorativo). A lo largo de toda su vida, mientras hacía ejercicio, las mitocondrias de sus fibras musculares han producido radicales libres. Esto alerta a los núcleos, que más tarde ordenan a las mitocondrias que se dividan. Por eso ahora sus fibras musculares gozan de una cantidad muy respetable de mitocondrias, lo cual la ayuda a mantener una salud excelente.

A nuestra amiga Lidia (a la que conocimos en la entrada ¿Por qué envejecemos?) le encantaba correr de joven. Que no os engañe su apariencia tranquila: incluso ahora no falta un solo día a sus clases de gimnasia. Ésa es la razón por la que se mantiene en plena forma a sus 83 años (el bastón es prácticamente decorativo).
A lo largo de toda su vida, mientras hacía ejercicio, las mitocondrias de sus fibras musculares han producido radicales libres. Esto alerta a los núcleos, que más tarde ordenan a las mitocondrias que se dividan. Por eso ahora sus fibras musculares gozan de una cantidad muy respetable de mitocondrias, lo cual la ayuda a mantener una salud excelente.

Por otro lado, la actividad física habitual también reduce el riesgo de sufrir obesidad, diabetes de tipo II e infarto de miocardio, tres enfermedades que nos pueden causar muchos problemas en la vejez [8,9]. Así que ya sabéis, toca levantar el trasero del sofá.

Restricción calórica

“Comer menos para vivir más”: eso es lo que nos proponen los defensores de la restricción calórica. Ésta se basa en la hipótesis de que una reducción de la ingesta calórica (pero manteniendo un aporte suficiente de nutrientes esenciales, como vitaminas y minerales) podría retrasar el envejecimiento.

Antes de nada, hay que remarcar que existen numerosos estudios al respecto en distintas especies, desde el gusano C. elegans, hasta primates, pasando por la mosca de la fruta (D. melanogaster). Sin embargo, no se han obtenido resultados concluyentes, y mucho menos en humanos. Así pues, restricción calórica como tratamiento del envejecimiento es todavía una hipótesis por corroborar. Por otro lado, también tiene sus inconvenientes: se ha observado que los animales y los humanos sometidos a restricción calórica tienen problemas de fertilidad y una respuesta inmunitaria deficiente [10]. De todas formas, es un campo de investigación muy interesante y de momento los resultados son bastante prometedores.

Por lo que se sabe hasta ahora, la restricción calórica podría contribuir al alargamiento de la vida de una forma similar al ejercicio. En una dieta equilibrada, y en una situación ideal, nuestro cuerpo consume toda la energía que obtenemos de la ingesta de alimentos. En un contexto de restricción calórica, sin embargo, estaríamos ingiriendo menor cantidad de alimento que en una dieta equilibrada. ¿Significa eso que nos adelgazaríamos hasta la consunción? En absoluto: nuestro metabolismo se adapta para utilizar los recursos de forma más eficiente, lo cual garantiza nuestra supervivencia (aunque seguramente sí perderíamos algunos quilitos).

¿Y cómo se produce esta adaptación? Los sustratos energéticos procedentes de la alimentación se pueden procesar de distintas formas para obtener energía. La más eficiente de ellas es oxidarlos en las mitocondrias. Así pues, lo que sucedería en las células de una persona sometida a restricción calórica es que se pasarían a utilizar más las mitocondrias. Entonces, como sucede en el caso del ejercicio físico, se producirían más radicales libres, lo cual induciría en el núcleo la respuesta para generar más mitocondrias [7,11]. Y el resto ya lo sabemos.

 

Regresando a la pregunta inicial: ¿Sería posible vivir más y mejor? Creo que, teniendo en cuenta los conocimientos actuales, la mejor forma de alargar nuestras vidas es alimentarnos de forma saludable y, sobre todo, realizar ejercicio físico habitualmente (nada que no supierais ya; lo que ahora sabéis es por qué). Si eso no hace que vivamos más tiempo, como mínimo nos ayudará a llevar mejor la vejez. En cuanto a la restricción calórica, todavía faltan pruebas de su eficacia, y se ha visto que tiene sus riesgos, pero podría ser una opción. Eso sí, no sé cuánta gente estaría dispuesta a pasar hambre durante toda su vida (porque no vale someterse a restricción calórica durante sólo un par de meses) a cambio de tres o cuatro años más en el mundo (¿pasando más hambre?). Finalmente, siento deciros que, a pesar del optimismo que rodea al tema de los antioxidantes, la ciencia todavía no ha hallado el elixir de la eterna juventud; ni siquiera un fármaco que nos regale unos cuantos añitos de propina. Quizá en un futuro se descubra algo así, pero de momento nos toca seguir envejeciendo y yéndonos al otro barrio como hasta ahora. De todas formas, vivamos lo que vivamos, la vida siempre se nos hace corta. Aprovechémosla.


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Referencias

  1. Lane, N. Power, sex, suicide : mitochondria and the meaning of life. (Oxford University Press, 2005).

  2. Lane, N. Los diez grandes inventos de la evolución. (Ariel, 2009).

  3. Dai, D.-F., Chiao, Y. A., Marcinek, D. J., Szeto, H. H. & Rabinovitch, P. S. Mitochondrial oxidative stress in aging and healthspan. Longev. Heal. 3, 1-22 (2014).

  4. Lane, N. A unifying view of ageing and disease: the double-agent theory. J. Theor. Biol. 225, 531–40 (2003).

  5. Gutteridge, J. M. C. & Halliwell, B. Free Radicals and Antioxidants in the Year 2000: A Historical Look to the Future. Ann. N. Y. Acad. Sci. 899, 136–147 (2006).

  6. Barja, G. Updating the mitochondrial free radical theory of aging: an integrated view, key aspects, and confounding concepts. Antioxid. Redox Signal. 19, 1420–45 (2013).

  7. Ristow, M. & Schmeisser, S. Extending life span by increasing oxidative stress. Free Radic. Biol. Med. 51, 327–36 (2011).

  8. Lanza, I. R. et al. Endurance Exercise as a Countermeasure for Aging. Diabetes 57, 2933–2942 (2008).

  9. Casado, J. Cos antic, entorn modern : el nostre cos està preparat per a la vida moderna? (Publicacions i Edicions de la Universitat de Barcelona, 2010).

  10. Marzetti, E. et al. Cellular mechanisms of cardioprotection by calorie restriction: state of the science and future perspectives. Clin. Geriatr. Med. 25, 715–32, ix (2009).

  11. Schulz, T. J. et al. Glucose restriction extends Caenorhabditis elegans life span by inducing mitochondrial respiration and increasing oxidative stress. Cell Metab. 6, 280–93 (2007).

2 pensamientos en “Vivir más tiempo y mejor: ¿es posible?

  1. Ahora sé porqué me está gustando tanto tu blog. El carácter científico y asépticamente escéptico de tus entradas es para mi un placer, además de estar aprendiendo un montón.

    Flaco favor nos hace dejarnos llevar por tanta información errónea, que deliberadamente, se difunde por los medios no precisamente para nuestro beneficio. Eres un ejemplo de la importancia, cada vez más acuciante, de la divulgación científica precisamente para defendernos de quienes nos quieren utilizar y de quienes, simplemente, nos necesitan ignorantes.

    • Me reconforta saber que, a pesar de ser una completa novata en esto, estoy poniendo mi granito de arena en el ámbito de la divulgación científica. Comentarios como los tuyos me animan a seguir adelante con más ganas, así que muchas gracias. :)
      Creo firmemente que una sociedad con mayor cultura científica es una sociedad mejor. Como dices, poseer información científica nos puede ayudar a ser críticos con según qué noticias, rumores y demás que circulan por los medios. Lo ideal es tomar decisiones, no a ciegas o porque alguien nos lo impone, sino a partir de las conclusiones a las que nosotros mismos llegamos después de razonar sobre lo que sabemos.

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