Día europeo para el uso prudente de antibióticos

Hoy, día 18 de noviembre, es el día que la Unión Europea designa como el Día Europeo para el Uso Prudente de Antibióticos. No sé si en España se va a hablar mucho de ello, pero creo que se debería. Somos uno de los países europeos con mayor incidencia de infecciones por bacterias resistentes, a causa del uso inadecuado que se ha venido haciendo de los antibióticos desde hace tiempo. Por eso conviene pararse un momento a reflexionar.

Este mapa ilustra la proporción de infecciones causadas por cepas de Streptococcus pneumoniae (una bacteria que infecta el tracto respiratorio) resistentes a la penicilina, en distintos países europeos. Asustan los datos de España, donde la proporción ha ido incrementándose en los últimos años.

Este mapa ilustra la proporción de infecciones causadas por cepas de Streptococcus pneumoniae (una bacteria que infecta el tracto respiratorio) resistentes a las penicilinas, en distintos países europeos durante el año 2013. Asustan los datos de España, donde la proporción ha ido incrementándose en los últimos años. Fuente: ECDC.

Os dejo un vídeo de una metáfora muy ilustrativa sobre lo que sucede cuando nos automedicamos con antibióticos sin saber si tenemos una infección bacteriana:

En este blog se explicó hace unas semanas qué es la resistencia a antibióticos y qué podemos hacer para evitarla. Podéis leer la entrada aquí.

Un peligroso y engreído Mycobacterium tuberculosis resistente a la isoniazida (en azul), con sus bombas de eflujo. Mejor no cruzarse en su camino.

Un peligroso Mycobacterium tuberculosis resistente a la isoniazida. Hablamos de él en la entrada sobre la resistencia a los antibióticos.

Ébola: del virus a la enfermedad

[Aviso a lectores poco curtidos: Os encontráis frente a la entrada más larga que he escrito hasta el momento. Espero no cansaros, pero el tema requería cierta extensión (y si he hecho bien mi trabajo y sentís curiosidad, la lectura no os resultará espesa). Podéis leer el texto entero o escoger los apartados que os interesen; no he querido dividirlo en varias partes porque creo que sería poco didáctico. Os invito a que lo disfrutéis como os apetezca.]

No creo que me equivoque al afirmar que hace unos meses pocos estabais familiarizados con la palabra Ébola. Sin embargo, esta enfermedad no es ninguna novedad. Lo que sucede es que el brote actual ha superado con creces en número de afectados a brotes anteriores. Incluso ha llamado a las puertas del mundo occidental. Lo que antes era uno más de los muchos problemas que azotan África, ahora ha atraído las miradas de la comunidad internacional. Es lógico, por lo tanto, que la población quiera saber qué es el Ébola. Llevo tiempo viendo cómo lo intentan explicar varios medios de comunicación, y la verdad es que no me he quedado del todo tranquila. Por eso yo también voy a hacer mi intento, confiando en que sabré aclararos algunas dudas que podáis tener y que a mí me surgieron en su momento.

Breve introducción

La enfermedad del Ébola (o simplemente Ébola) es una patología causada por el virus del Ébola (hasta aquí nada nuevo).

Este virus pertenece a la familia de los Filovirus, junto con otros virus causantes de fiebres hemorrágicas. Se denominan así por su forma filamentosa. Dentro de esta familia, encontramos el género Ebolavirus, del cual existen cinco especies, a las que se adjudicó el nombre del lugar donde se identificaron: Zaire, Bundibugyo, Sudán, Reston y Taï Forest. De éstas, las tres primeras son las responsables de los grandes brotes de Ébola que se han producido desde que se conoce la enfermedad. Concretamente, el que ha afectado a más personas es el Ebolavirus Zaire, que también es el más mortífero (la mortalidad ha ido oscilando entre un 50% y un 90%, dependiendo del brote). [1] Esta especie es precisamente la causante del brote actual.

Virus del Ébola.

Virus del Ébola.

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Antibióticos (II): las bacterias contraatacan

En la última entrada estuvimos hablando de cómo funcionan y de cuán fabulosos que son los antibióticos. Hoy veremos la otra cara de la moneda: la resistencia por parte de las bacterias.

Datos preocupantes

Los antibióticos han sido un arma casi milagrosa contra las infecciones bacterianas, pero, como cabía esperar, el enemigo no se dejará aplastar así como así (y menos tratándose de bacterias). Si las cosas siguen como están, la resistencia a los antibióticos será uno de los grandes problemas que tendremos que enfrentar en este siglo. En abril de este año, la OMS publicó un informe sobre resistencia a antimicrobianos [1] en el que se recogen unos datos escalofriantes: cada vez hay más bacterias resistentes a uno o varios antibióticos. De hecho, hay algunas que son resistentes prácticamente a todos los antibióticos que podrían acabar con ellas. Además, en muchos lugares los patógenos resistentes son responsables de una importante proporción de las enfermedades infecciosas. Por ejemplo, en ciertas regiones el 80% de las infecciones de por Staphylococcus aureus (una bacteria que puede causar infecciones cutáneas y septicemias) están asociadas a cepas resistentes a la meticilina, un antibiótico de la misma familia que la penicilina.

¿De dónde salen las bacterias resistentes?

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Antibióticos (I): el arma definitiva contra las infecciones (o eso pensábamos)

Todos estamos familiarizados con los antibióticos, y seguro que os han sacado de apuros más de una vez. Faringitis, gastroenteritis, infecciones de orina… No debemos temerles si tenemos un buen antibiótico a mano. Ahora bien, ¿qué son exactamente los antibióticos? ¿De dónde proceden? ¿Cómo funcionan? ¿Tienen alguna limitación? Hoy daremos respuesta a estas preguntas.

Un arma prestada

Un antibiótico es una sustancia que tiene la capacidad de matar o frenar el crecimiento de bacterias [a], y que es producido por otros microorganismos. Sí, sí, lo que leéis: existen algunos microorganismos (como el hongo Penicillium notatum o la bacteria Streptomyces griseus) que se dedican a fabricar sustancias que emplean para dejar fuera de combate a otros competidores microbianos. Por lo tanto, los antibióticos no son un invento humano; podemos decir que nos hemos aprovechado del armamento natural de estos microorganismos en nuestra particular guerra contra las bacterias patógenas.

Sin embargo, hay que decir que también existen sustancias microbicidas sintéticas. Es por eso que existe el término antimicrobiano, que engloba tanto los antibióticos como otros microbicidas sintéticos. De hecho, la mayoría de antimicrobianos usados hoy en día son sintéticos o modificaciones sintéticas de antibióticos naturales.

Un poco de historia

Alexander Fleming fue el primero en describir los efectos de la penicilina en las bacterias, allá en el  año 1928 [1]. El investigador escocés estaba trabajando con cultivos de bacterias llamadas Staphylococcus, cuando por casualidad una de las placas que usaba para cultivarlas se contaminó con un hongo. Fleming observó que las bacterias que rodeaban al hongo se estaban muriendo. Gracias a su perspicacia, dedujo que ese hongo, Penicillium notatum (del mismo género que el moho que crece en las naranjas), producía una sustancia que mataba a las bacterias, y la bautizó con el nombre de penicilina.

Recreación del descubrimiento de la penicilina por Fleming. Las bacterias se pueden cultivar en el laboratorio en placas que contienen un medio de cultivo gelatinoso (es decir, comida para bacterias). Crecen formando colonias (visibles a simple vista) encima de esta especie de gelatina. Las placas tienen que estar tapadas siempre que sea posible, porque si no sucede lo que le pasó a Fleming: se contaminan con las esporas que hay en el aire y crecen hongos dentro (también les gusta la comida para bacterias). Aunque en este caso el hongo fue bienvenido.

Recreación del descubrimiento de la penicilina por Fleming. Las bacterias se pueden cultivar en el laboratorio en placas que contienen un medio de cultivo gelatinoso (es decir, comida para bacterias). Crecen formando colonias (visibles a simple vista) encima de esta especie de gelatina. Las placas tienen que estar tapadas siempre que sea posible, porque si no sucede lo que le pasó a Fleming: se contaminan con las esporas que hay en el aire y crecen hongos dentro (también les gusta la comida para bacterias). Aunque en este caso el hongo fue bienvenido.

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